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Fiebre del litio: ¿oportunidad o burbuja para la Argentina?

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La Argentina, Chile y Bolivia concentran casi el 70% de los recursos mundiales del metal, principal componente para la fabricación de baterías. Analistas advierten que la oferta será mayor que la demanda y caerían los precios.

Corría el año 1848 cuando un grupo de obreros que construía un aserradero en Coloma, California, cerca del río Americano, hizo un hallazgo que marcaría a los EE.UU. y generaría uno de los hechos socioeconómicos más relevantes de toda su historia moderna. La «fiebre del oro» se inició apenas por una pepita y provocó que unas 300.000 personas migraran hacia esa zona con el sueño de hacerse ricos. Hoy, exactamente 170 años después, otro metal atrae gran atención por su potencial económico: el litio. Y por esas cosas del destino, la Argentina está llamada a ser protagonista en la era del «oro blanco».

Primero, una microclase de química. En su forma pura, el litio es un metal blando, de color blanco, un elemento alcalino y muy reactivo. Es el metal y elemento sólido más ligero. Debe extraerse de minerales, aguas marinas y salmueras. Aunque tiene diversos usos, que van desde el tratamiento de enfermedades hasta la metalurgia, vidrios y cerámicas, su principal destino son las baterías para artefactos eléctricos. De hecho, en la actualidad se utiliza el 39% de la producción con ese fin, pero para 2026 ese porcentaje se elevará hasta 70%. La razón de este crecimiento exponencial está estrechamente ligada con la multiplicación de dispositivos móviles que cada vez más se vuelven esenciales en la cotidianeidad humana.

Para dimensionar la demanda que tiene y tendrá el litio en los próximos años basta con repasar algunas cifras. Según el último informe anual de Mobile Economy de la GSMA, la cantidad de usuarios de teléfono celulares en el planeta superó los 5.000 millones en 2017, pero los equipos activos son cerca de 7.800 millones. Es decir que las unidades existentes ya superaron a la población mundial. Además, hay que sumar los millones de otros dispositivos móviles. Pero quizás la próxima gran explosión ocurra de la mano de los autos híbridos y eléctricos que necesitarán grandes cantidades de litio para sus baterías. Los especialistas estiman que la demanda se triplicará para 2025.

El «Triángulo del litio»

Con este escenario, la Argentina tiene una oportunidad única. Junto a Chile y Bolivia conforman lo que en la jerga llaman el «Triángulo del litio», porque entre los tres países poseen el 68% de la existencia conocida en el mundo hasta el momento de este material. En las provincias de Jujuy, Salta y Catamarca está el 17% del total de recursos (potencialmente valiosos y cuya explotación se prevé razonablemente factible en términos de viabilidad económica). Mientras que el desierto de Atacama, en Chile, y el de Uyuni ,en Bolivia, tienen el 21% y 30% respectivamente.

A fines del año pasado el Ministerio de Energía y Minería difundió el «Argentina Lithium Map» (mapa del litio en Argentina), elaborado por el Servicio Geológico de Estados Unido s (U. S. Geological Survey) en colaboración con el Servicio Geológico Minero Argentino (Segemar). Según ese relevamiento, nuestro país cuenta con 53 proyectos concentrados en el NOA, con un total de 876.000 hectáreas concesionadas o áreas de arrendamiento. Actualmente se producen menos de 40.000 toneladas al año, pero proyecciones oficiales prevén un «boom» y estiman que para 2022 la producción se elevará hasta 331.000 toneladas. Esto motorizado por un importante incremento de la inversión de empresas extranjeras que llegan al norte argentino en busca del «oro blanco». El Gobierno pronostica un arribo de fondos por casi u$s4.000 millones hasta 2022. Esos desarrollos elevarían los ingresos del país por la exportación de litio hasta los u$s1.900 millones anuales y se crearían unos 3.000 nuevos puestos de trabajo.

Hay razones para que la Argentina sea un destino atractivo para las inversiones, incluso por encima de sus vecinos. El Gobierno de Evo Morales nacionalizó sus reservas y prohibió la inclusión de capitales extranjeros en la explotación del metal; en tanto que Chile, al menos hasta ahora, tiene limitada la cantidad de licencias en la zona cordillerana. Es por eso que empresas de Japón, China, Corea del Sur, EE.UU., Francia, Canadá y Australia pujan por quedarse con los permisos de explotación en nuestro país.

En ese contexto de oportunidad para la Argentina, el avance de las compañías extranjeras en una batalla por quedarse con la mayor parte posible del negocio encendió la atención de las tres provincias más implicadas, las cuales decidieron conformar la «Mesa del litio» para poner reglas claras al juego. «Las principales facilidades que existen hoy para el desarrollo de la industria son las políticas que en materia de competitividad tomó el Gobierno nacional y las que vienen desarrollando los gobiernos provinciales. La quita de derechos de exportación, la posibilidad de girar divisas, un mercado unificado de cambios, los cambios en la legislación impositiva, los trabajos que realizan las provincias en materia de transparencia y desarrollos comunitarios, muestran resultados positivos visibles en la inversión que se viene dando tanto en exploración, construcción, anuncios de construcción y ampliaciones de proyectos», comentan desde la Secretaría de Coordinación de Política Minera de la Nación, a Ámbito Biz

Cautela y luz de alerta

Sin embargo, a través del trabajo «El Litio: una oportunidad -Estado de situación-Perspectivas-Mercado», la Subsecretaría de Desarrollo Minero advierte que «los recursos de litio no están tan concentrados como se cree», en función de que en distintas partes del mundo se está profundizando el desarrollo de los proyectos y descubriendo nuevos yacimientos. Países como China, Australia, y EE.UU. están extrayendo grandes cantidades de material.

«Muchas veces se sobrevalora la importancia de tener recursos como si pudieran fijarse condiciones de cartelización por parte de uno o un grupo de países. La verdad es que esto es una utopía. El litio está en el grupo de los elementos con yacimientos económicamente explotables más abundantes en relación con la demanda. Los recursos identificados actualmente en el mundo alcanzarían para abastecer a la demanda mundial por más de 1.300 años. Sólo Australia, por citar un ejemplo, podría abastecer a todo el mundo en los próximos 60 años», señalan fuentes oficiales.

Y, al respecto, advierten: «El mercado del litio es muy pequeño en relación con otros productos minerales como el cobre, el oro o el hierro. Por lo pequeño del mercado y abundante como recurso, el mayor desafío es ingresar al mercado ya para aprovechar esta ventana de demanda porque en el mediano plazo podría llegar a saturarse la oferta lo que desalentará el ingreso de nuevos proyectos por exceso de la misma».

De hecho, a fines de febrero, analistas de Morgan Stanley lanzaron un pronóstico que al menos modera la euforia sobre el futuro del litio. Para los expertos del banco, a partir de 2019 habrá «excedentes significativos» de este elemento debido a la gran cantidad de nuevos yacimientos que estarán activos y porque el crecimiento del mercado de autos eléctricos será «insuficiente» para compensar el aumento de la oferta de litio.

Así, el precio de la tonelada, que en los últimos años se duplicó, sufriría un desplome.

La evaluación indica que perdería un 45%, con lo que bajaría de los algo más de u$s13.000 a unos u$s7.000 para 2021.

POR MATÍAS ORTEGA

FUENTE: AMBITO FINANCIERO

 

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